El Intertexto, "invento fáustico"

 

 
(La Sociedad de los Hombres Celestes, Tomo I, p. 113-114)


Noviembre

¿Fiesta de Todos los Santos? Fiesta de todos los Muertos. Halloween para Margaret, allá en Nueva York. Pedí permiso para pasar el día fuera de la clínica, pero me lo negaron. Siempre con el mismo pretexto: "Usted está todavía muy débil. Apenas ha recuperado cinco kilos después de su llegada", lapidó Wagner. Durante el almuerzo comí un poco de cada uno de los platos que me sirvieron, pero rechacé la empanada, probablemente condimentada con hidrógeno 6. Nada más fácil que introducir substancias nocivas por debajo de la cáscara de masa, en el espesor de la carne molida. El Interno, enterado de mis aprensiones gastronómicas, vino a verme en compañía de la dietista.
-¡Entre! ¿Quién viene de nuevo a atormentarme?-128 pregunté al oír golpear en la puerta.
-Perdón- se excusó Wagner, traspasando el umbral. -No soy más que un Interno que no ha encontrado nada mejor que este inocente subterfugio para entrevistarse con el autor de Fausto.129 La señora Hexe me acompaña para averiguar qué es lo que no le gusta en nuestra cocina o, mejor, qué es lo que le gustaría que se le preparara en su laboratorio gastronómico…
-¡Buena cerveza, tabaco negro y una chica desnuda, eso es lo que me gusta!-130 respondí con una risotada.
-¡Pobre! Cuando se vive así, encerrado en una pieza y que apenas se echa una mirada de lejos sobre el mundo, como con un larga vista, ¿qué hacer para persuadirlo?-131 el Interno cambió una mirada de falsa compasión con la dietista, la cual agregó con voz amanerada:
-Mi sutil cocinero va a extasiar su paladar y su nariz con obras maestras. A su apetito ofrecerá aun otras cosas para que las saboree…132
-Usted podría, créame, ahorrarse sus palabras-, la interrumpí. -La cocina de aquí huele a cocina de bruja…133
-No se dé por aludida, señora Hexe- dijo Wagner. -El mismo está medio consciente de su locura.134 Toma al Hotel Dios por un laboratorio y pretende nada menos que reemplazar a la novela por el ‘intertexto’, su invento fáustico. Sabiendo que nadie sino el Diablo puede ayudarlo a realizar su obra y sus objetivos, le inyectaremos aun más audacia e insolencia a sus pensamientos y a su apetito de conocimiento.135 Ahora, para que mejore su cocina literaria, sería saludable que le explicara de qué manera se preparan las comidas de los novelistas en este lugar. ¡Temo que su ‘intertexto’ resulte el más indigesto de los platos!
La dietista, tranquilizada, se lanzó en una larga y tediosa descripción de las precauciones higiénicas tomadas por los cocineros de la clínica. Cuando hubo terminado, Wagner, henchido de orgullo, me preguntó:
-¿Qué le parece, Don Fausto?
-Me parece que esta vieja delira-136 respondí. El interno movió la cabeza en signo de desaprobación, anotó algunas frases en su libreta y, mirándome con severidad estudiada, me amenazó:
-Tendré que informar al Doctor M. Su insolencia se hace insoportable.

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