Los "préstamos" intertextuales

 

 (La Sociedad de los Hombres Celestes, Tomo I, p. 200-201)

 

 

Noviembre.

-¡Ah! ¡Qué mal escribo! El deseo de expresar todo a la vez hace desbordar mis frases, las desvía del pensamiento que se proponían captar, parecen alejarse del tema y perderlo de vista-228 me lamenté delante del Doctor M. esta mañana. -Lo que me falta aún es acrisolar un estilo a la vez uniforme y flexible. Sí: un estilo que siga todas las modulaciones del alma y todos los saltos del espíritu; y que, como el espíritu mismo, se retire a veces de lo que él expresa para sentirse eso que expresa y se haga reconocer como voluntad de expresión, cuerpo viviente de quien habla, despertar del pensamiento que de repente se extraña de haber podido confundirse tanto tiempo con un objeto, aunque esta confusión sea precisamente su esencia y su papel…229
-¡Uf! ¡Qué complicado!- ironizó el Doctor.
-Es que es muy difícil escribir bien, Doctor- me excusé.
-Usted descubre que no tiene precisamente los mejores conceptos estéticos,230 ¿ no es cierto ?- el Doctor me miró divertido.
-La verdad es que trato de imitar a los clásicos, pero al mismo tiempo me avergüenzo de mi falta de originalidad- respondí. -Y sin embargo el clasicismo no es, desde un punto de vista del estilo, más que imitación, reelaboración de las formas arquetípicas, intertextualidad. "Les plus grands m’ont donné l’exemple des emprunts"231 decía Paul Valéry. Por eso persevero en mis esfuerzos para inventar el intertexto.
-Recuerde que lo que nos interesa es el análisis de su biografía, sin preocuparnos de problemas literarios. Prefiero que discuta de eso con Wagner- recalcó el Doctor M. -Me parece haberle dicho que no vale la pena interesarnos en historias atiborradas de ficciones cómicas que ni siquiera el architorcido Lucifer ni ninguno de sus asistentes hubieran sido capaces de inventar.232 En todo caso, usted no está escribiendo una novela convencional, donde el autor esclarece con una luz indirecta el corazón de los personajes que pone en escena. Biógrafo, le incumbe llamar las cosas por su nombre y constatar únicamente los hechos morales que han tenido una repercusión sobre su vida.233 No se complique entonces con disquisiciones estilísticas que no vienen al caso y sigamos adelante con la exploración de sus notas. ¿Dónde íbamos?

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