El verdadero conocimiento de la mente nos viene de la sabiduría oriental. Sri Aurobindo, autor de finísimos comentarios sobre el Bhagavad Gita, decía que utilizar el psicoanálisis para comprender el psiquismo humano es como servirse de una linterna de bolsillo para iluminar una caverna oscura y sin fondo. En términos de epistemología occidental, podríamos decir, analógicamente, que el psicoanálisis como teoría de la mente no va más lejos que la física de Newton cuando ésta intenta explicar con la mecánica clásica, válida en el mundo de lo sensible, los fenómenos de lo infinitamente grande y de lo infinitamente pequeño, allí donde la teoría de la relatividad y la física cuántica son mucho más esclarecedoras. Carl Jung, el discípulo disidente de Freud, vislumbró (como Schopenhauer y Leibniz) la importancia de la sabiduría "psicológica" acrisolada en Oriente, pero su visión es periférica, lejana de una realidad que no puede ser observada y comprendida a través de los conceptos metafísicos habituales en Occidente. Gurdjieff, que consagró numerosos años a explorar el conocimiento oriental, formuló una psicodinámica revolucionaria (descrita en los Fragmentos de una enseñanza desconocida por su discípulo, el matemático ruso P.D. Ouspensky) que permite entender una gran cantidad de fenómenos psíquicos incomprensibles desde el punto de vista freudiano
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(Leer en el PDF adjunto, "Freud / Gurdjieff", IV, 2.  Retrato de un Psiquiatra Incinerado)

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