El premio Nobel de literatura y Vargas LLosa

 
 
"Ô Inca ! Ô roi infortuné et malheureux!"
 
 
(BALZAC. Louis Lambert.)

 
He aquí un Inca del Perú, Mario Vargas Llosa. Pálido mestizo quechua (o, tal vez, lejano aymará), dotado de una vanidad inconmensurable (interpretó personalmente el papel de Ulises en una pieza de teatro escrita por él y para él), Vargas Llosa hubiera sin duda deseado bailar delante de Luis XV, en medio de los Indios galantes de Rameau… aunque no quiere mucho a los  indios. Shapras, huambisas, aguarunas son descritos casi como animales de la selva en La Casa Verde, novela aplaudida  y premiada en la España franquista, en 1965. Pero "Varguitas" (sobrenombre que adopta en una de sus novelas) es, por encima de todo, un propagandista de la "Open Society", cara a Karl Popper, de quien se dice discípulo.
 
Cualquiera persona que haya leído atentamente a Musil, Thomas Mann, Beckett, Sarraute, Yourcenar, Proust, Borges, Joyce, Steinbeck, Faulkner, Carpentier, Kafka, Herman Broch, Rulfo, Pessoa, etc., no puede sino interrogarse sobre el verdadero valor del escritor peruano,  cubierto de premios literarios y de honores de toda especie, incluso el premio Nobel. Sus glorificadores (a menudo novelistas fracasados, transformados en "brillantes" periodistas y viceversa) aprecian la ligereza de una prosa escrita al galope, más cercana a la prosa de la prensa escrita que a la alta literatura. Leer una novela de Vargas Llosa no es más trascendente que leer un diario. Ingurgitar sus ideas simplistas y mediocres, no es más complicado que tragar la ideología de las revistas "people". Esta es seguramente una de las claves que explican su éxito editorial y mediático en nuestra sociedad, donde el "éxito" ha llegado a ser una mercancía como otras y que no puede adquirirse, salvo excepción, sino confortando la médiocrité, como decía Balzac.

 En cuanto a su lenguaje, distinguido por el jurado del premio Nobel 2010, la lingüista Martha Hindelbrandt, profesora de la universidad  San Marcos de Lima, ha analizado, con un poco más de seriedad y de autoridad que los académicos del rey de Suecia, el español del laureado (“El premio Nobel de literatura es una farsa”, advierte Peter Handke). La lingüista llegó a la conclusión que las numerosas carencias de su lenguaje, sembrado de "errores garrafales", son el resultado del nivel insuficiente de la educación que el escritor recibió durante su infancia. Pero, patriota peruana arrastrada por las olas mediáticas y nacionalistas en torno a Varguitas, ha terminado por conceder que un "genio" puede permitirse escribir mal y llegar a ser, pese a todo, Superacadémico de la Real Academia Española de la Lengua…Clisé confirmado y mentiroso que sirve a Vargas Llosa de pasaporte para cumplir con su tarea de representante comercial de la "Sociedad Abierta" y, cual un nuevo Papa, pontificar "urbi et orbi" la necesidad de santificar por la eternidad al capitalismo y enviar al socialismo definitivamente al fondo del infierno.

Hombre elegante, coronado "Man of the year 2011" por la revista Vanity Fair, encargó últimamente (según su rival, el novelista Alfredo Bryce Echenique) varias capas y trajes blancos al sastre oficial del Vaticano, con la esperanza de ser reconocido en cuanto "Papa de los ricos" y hacerse canonizar como "San Mario Vargas Llosa", pese a su ateísmo. En efecto, Varguitas no cree en Dios, aunque afirma que cuando escribe sus novelas, él es igual a Dios creando sus creaturas. A lo mejor, pensando en las ventajas que su eventual canonización podría traerle, va a transformarse en un católico fervoroso. Mientras tanto, hundido en  las profundidades metafísicas de su espíritu, comprobando todos los días (sentado en su WC, de mármol rosa) que la imagen divina que se hace de él mismo y su triste realidad corporal están bastante alejadas una de otra,  ha concluido que nosotros, los hombres, debemos vivir como si la muerte no existiera (pensamientos anotados en su diario íntimo, El País). De todas formas, la Muerte no le concierne porque, contrariamente a Gabriel García Márquez, él es Inmortal...

En lo que respecta a su formación literaria, las raíces de su conocimiento de la literatura francesa, conocimiento del cual se siente orgulloso, son develadas pérfidamente por su cortesano, el novelista neo-pinochetista Jorge Edwards. Con sorna camuflada en asombro, Edwards cuenta que se encontró con Vargas Llosa en 1962, cuando éste era periodista en Radio France Internationale. Varguitas, como un neófito, se declaraba deslumbrado y entusiasta por el descubrimiento, no (como se hubiera podido suponer por razones cronológicas) de Proust, Céline, Breton y los surrealistas, o de Beckett, Robbe-Grillet, Marguerite Duras, Claude Simon, Perec y el grupo Oulipo, Francis Ponge y los telquelianos, etc., sino por genios desconocidos u olvidados, tales como Victor Hugo, Dumas, Maupassant y, sobre todo, Gustave Flaubert.

Pues bien, Flaubert, que escribía y reescribía veinte veces una frase antes de darse por satisfecho…para borrarla al día siguiente y recomenzar, estaría horrorizado de que se le compare con un novelista que escribe a la "va comme je te pousse" (como se empuja a los gansos, según el dicho flaubertiano) y cuyo talento consiste en ser capaz de escribir varias horas seguidas, sin cansarse. ¿Es posible comparar la prosa de Flaubert, cristalina y estructurada como un diamante, con la prosa de Vargas Llosa, sucia, opaca, quebrada como un vidrio golpeado por una ráfaga de viento? Para leer "Conversación en la Catedral" (novela considerada por sus aduladores como una obra maestra), el lector serio está obligado, si quiere juntar los pedazos de frases y sacar algo en limpio, a leer él también a la "va comme je te pousse", dejando de lado toda aspiración lógica. Aparentemente Varguitas, con la pretensión de "ser moderno", ha intentado copiar la prosa de Faulkner, tejida poéticamente con finas elipses a la Shakespeare ("The Sound and the Fury", "Absalom, Absalom!") o la prosa de Cortázar, suave y melodiosa como una composición de Miles Davis ("Rayuela"). Pero los grandes prosistas están muy por encima de su estilo, troceado como un steak de carne molida y destinado a ser consumido con rapidez, sin hacerse muchas preguntas sobre su origen. Indigestión asegurada…

Cierto, ha escrito algunos libros mejor trabajados y más coherentes que otros ("La tía Julia y el escribidor", "Elogio de la madrastra"), pero su estilo es, fundamentalmente, el de un reporter apurado, presionado por el tiempo. Balzac, quien en la época del "feuilleton" estaba obligado a escribir con rapidez, siempre se lamentó por no corregir sus textos como hubiera querido. Sin embargo, publicó entre 1832 y 1842 siete versiones diferentes de uno de sus "chefs-d'oeuvre", "Louis Lambert". Pero no cualquiera es Balzac, sobre todo Varguitas, mal comediante, desprovisto de verdadera humanidad.

De todos modos, la rapidez de Varguitas, que siempre ha sorprendido a sus admiradores y familiares, especialmente por el ruido que hacía con su máquina de escribir, le es muy útil cuando practica, sin vergüenza, el plagio. "La guerra del fin del mundo", plagio de "Os Sertoês", la novela del brasileño Euclides da Cunha, pillaje denunciado por José Saramago (premio Nobel 1998) es un claro ejemplo. Y también "La fiesta del Chivo", plagio de "The death of the goat", obra del periodista de Time Magazine, Bernard Diederich quien, al confirmar que Varguitas le había copiado estúpidamente incluso sus errores, intentó llevarlo delante de los tribunales ("unhappily, too expensive"). Un poco más sutil es el plagio de Flora Tristan en "El Paraíso en la otra esquina", pillaje, como el cometido contra Da Cunha (muerto en 1909), muy cómodo pues la genial revolucionaria está enterrada también desde hace mucho tiempo. Etc.

En el cerebro de Varguitas, el pillaje intelectual es necesario para la creación literaria que no sería, al fin de cuentas, sino "saqueo", "hurto", "robo" de la obra ajena, piratería, según él inevitable y, en su caso particular, perfectamente legal en nombre de su "genio". Esta es, más o menos, la tesis propuesta en "L'Orgie Perpétuelle", ensayo sobre Flaubert que contiene su teoría personal de la novela. En realidad, el género novelesco, hoy día debilitado y decadente, se presta fácilmente al plagio, procedimiento que ha llegado a ser habitual y anodino, muy rentable si el escritor sabe disimularlo. [1] Varguitas, que no teme contradecirse (o, quizás, no se da cuenta de sus contradicciones) subraya también en este ensayo, el desprecio y el rencor de Flaubert contra las injusticias e iniquidades de la sociedad del siglo 19. Ahora bien, traicionando el pensamiento de Flaubert en un nivel moral y social, como lo traiciona en un nivel estético, Varguitas no saca las conclusiones que se imponen sobre la "Open Society" de nuestro tiempo, apenas más evolucionada que la sociedad capitalista decimonónica. La terrible crisis que vivimos a principios del siglo 21 es la prueba.

Vargas Llosa, novelista retrógrado y profundamente reaccionario, se estanca en su fascinación por los novelistas del pasado y esto en plena revolución cibernética, cuando emergen nuevas formas narrativas, post-novelescas, como el Intertexto, género plurilingüe y pluricultural, fundado sobre la honestidad intelectual. Todavía no ha comprendido (y no comprenderá jamás) la importancia del advenimiento de Internet, comparable, en muchos aspectos, con la invención de la imprenta. Claro, su edad avanzada (cerca de 80 primaveras) le ha hecho perderse un fenómeno crucial en la historia de la literatura, cuyas perspectivas revolucionarias le escapan completamente. ¡Tal vez cree que se trata de otra revolución comunista a aplastar con urgencia!

Resumiendo, Varguitas reconoce en Internet a lo más un progreso técnico de la comunicación, pero no percibe su valor como instrumento de creación literaria, útil prodigioso que abre el camino hacia una nueva literatura, tanto más cuanto es la escritura que se sitúa en el centro de esta extraordinaria revolución tecnológica. No obstante, la estética anticuada y obsoleta de la obra de Vargas Llosa es una de las razones que explican por qué es tan fácilmente acogida por los lectores conservadores, formados dentro de los parámetros esclerosados de la lectura novelesca de antaño.

Por supuesto, los cortesanos de Vargas Llosa (entre ellos, desgraciadamente, jóvenes novelistas mistificados que sueñan con ser nuevos Varguitas y que imaginan que la literatura es una carrera a los premios, a los honores y al dinero), esos aduladores dirán que yo escribo llevado por los celos, la envidia, la frustración. ¿Qué otra cosa podrían decir sin descalificarse a sí mismos y enfrentarse cara a cara con su propia estulticia? El problema es de ellos. El mío es Varguitas en cuanto agente de la "Open Society", papel que endosó por cuenta  de las empresas multinacionales y de los banqueros, quienes lo enviaron a Chile durante la campaña presidencial de 2010 para apoyar el regreso al poder de los neo-pinochetistas.[2]

El escudo "Gran-Escritor-Genial-Gran" que le ha forjado la prensa, le permite dejarse caer por todas partes donde la "Open Society" es amenazada y, como el mismísimo Captain America, mostrar su fuerza y su bravura masculina. Es mejor tomarlo en serio, porque  Varguitas es un auténtico macho, capaz de atacar con violencia cuando se trata de defender sus intereses…a puñetazos si es necesario. Como todo el mundo sabe, exhibió su virilidad golpeando brutalmente el rostro de Gabriel García Márquez, al término de una proyección cinematográfica privada en Ciudad de Méjico, en 1976. El novelista colombiano, harto mejor estilista (según los especialistas del boxeo y de la novela), no había hecho otra cosa que solidarizarse con la esposa y los hijos abandonados por Varguitas, quien se había escapado del hogar familiar corriendo como un hot-dog detrás de una top-model americana.[3] Ahora bien, su violencia como guerrillero anti-socialista lo ha ayudado en buena medida a ganarse la simpatía del jurado del premio Nobel acordado por la Academia del rey sueco, en un momento en que Suecia como Noruega y, en general, toda Europa, es sacudida y roída por la violencia de la extrema derecha neo-nazi.

Nada extraño entonces, que los primeros discursos y conferencias de prensa de Varguitas tras recibir el Nobel, fueran consagrados no a la literatura, sino a insultar a la Presidenta de Argentina, Cristina Kichner ("tonta, vulgar, inculta"), al Presidente de Venezuela, Hugo Chávez ("un dinosaurio"), al Presidente de Ecuador, Rafael Correa ("un cangrejo"), al Presidente de Bolivia, Evo Morales ("indio analfabeto") y a burlarse del candidato a la presidencia del Perú (elegido, pese a todo, Presidente de la República Peruana), el brillante inca Ollanta Humala (votar por él o por la candidata fujimorista era como escoger "entre el cáncer o el sida".)

Sí, Varguitas conoce bien su trabajo y sabe agradecer a sus patrocinadores, entre ellos, los 1300 banqueros de la "Federación Latinoamericana de Bancos" reunidos en Lima a fines de 2012. Los banqueros latinoamericanos y sus compinches venidos de todo el mundo, aplaudieron durante largos minutos la conferencia  ofrecida a la asamblea -con el corazón empapado de amor por sí mismo y con lágrimas de felicidad- por el Premio Nobel de Literatura 2010, don Mario Vargas Llosa…Business is business!
  

 [1] Como "plagiarist" Varguitas es superado por Bryce Echenique, mucho menos astuto que él y perseguido por la Justicia en Perú, al igual que su hijo, Alvaro Vargas y su discípulo novelista, Fernando Iwasaki .

 [2] Este es uno de los motivos que me han impulsado a escribir sobre Popper y Vargas Llosa.

 [3] Infiel en amor, Varguitas sabe traicionar en amistad cuando le conviene. Así, dejó caer a sus amigos catalanes, responsables en gran medida de su éxito editorial, para dar preferencia a los neo-franquistas madrileños, Aznar y Rajoy, enemigos de la Catalunya independiente.

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